FUENTE: EL Correo.com
Dos parejas describen las ventajas de vivir en el primer edificio privado de Euskadi con la mayor certificación sostenible internacional construido en Urduliz


Tras 70 años en Barakaldo, Antolín Martínez no se veía dejando el pisito de la céntrica calle Elkano. Su ambiente, sus amigos, sus txikitos… Pero vino a Urduliz con su hija a mirar un piso nuevo, le convenció tanto que él también se compró otro y, ahora que lleva ya dos meses viviendo, se declara encantado. Es uno de los residentes en la promoción de 36 pisos que acaba de entregar la promotora en régimen de cooperativa Gestión Residencial Habitare. Se trata del primer bloque de viviendas nuevas libres en el País Vasco que obtiene el certificado sostenible Passivhaus, el reconocimiento más prestigioso a nivel internacional de construcciones que incorporan los máximos criterios de eficiencia energética y climatización.

Antolin está sentado junto a su mujer Lidia Martín en el sofá de su gran salón, «hemos quitado una de las tres habitaciones para que entren bien nuestros cinco nietos cuando nos juntamos todos aquí, que ya sumamos 15». Sólo tiene puesta una camisa fina porque el termostato marca unos agradables 21,8 grados. Y asegura no haber puesto la calefacción en todo el día, aunque esa madrugada de martes el termómetro desplomase a menos de dos grados. «Es que mira que ha hecho frío estos días, y en casa no bajamos de los 19 grados», presumía.

Lo consigue gracias al sistema de envolvente térmica con el que se ha construido el edificio. Todas las paredes, esquinas, puertas y ventanas cuentan con un sellado especial para evitar la más mínima fisura. Además, ese le ha añadido una climatización especial: un «recuperador de calor», un equipo que recoge el aire directamente del exterior y, gracias a un sistema de fluidos y tubos en forma de zig-zag (y siempre sin que se mezcle nunca con el ambiente ya viciado del interior), consigue enfriarlo o calentarlo a demanda y trasladarlo limpio a todas las habitaciones mediante tuberías que recorren el suelo y las paredes. «Nos garantizan que no necesitamos abrir nunca las ventanas para ventilar, pero yo lo sigo haciendo porque, la verdad, es lo he hecho así toda la vida y a estas alturas quitarte la costumbre…», confiesa Lidia.

Ahorro en calefacción


Lo de estar calentita en casa es algo que valora especialmente Lorena Blanco, que se declara muy friolera. Ella y su pareja vienen de Güeñes, «y allí teníamos puesta la calefacción al menos tres horas al día para templar el piso». Ahora, con enchufarla (es de gas natural) apenas unos minutos a la mañana, a la tarde y a la noche, «disfrutamos siempre de unos envidiables 22 grados».

Su pareja, Gorka Salazar, añade a las ventajas del sistema Passivhaus la insonorización. «Yo duermo mal y en mi otra casas las paredes eran de papel, se oía todo; nos aseguraron que aquí no tendríamos ese problema y no me lo acababa de creer pero, la verdad, acústicamente esta casa es una pasada», confiesa. Antolín, en el piso de al lado, hacía una prueba práctica y abría la puerta del balcón, que da a la carretera principal de Urduliz y a numerosas obras en ejecución. «A veces el ruido fuera se hace insoportable, pero dentro el silencio es total», resumía.

Y también se agradece mucho que este sistema de ventilación mecánica del interior del inmueble se lleve, además de los aires viciados, también los olores. Aunque Antolín y Lidia se declaran fumadores, «en la casa nunca huele a humo, pero tampoco a cocido ni a cualquier otra comida que preparemos en la cocina». Y eso que es de tipo americana y esta fusionada con la zona de estar.

Precios un 15% más caros

Carlos Cuesta, gerente de Gestión Residencial Habitare (que trabaja principalmente con promociones en régimen de cooperativa), destaca que incorporar los criterios que exige el sistema Passivhaus eleva «entre un 10 y un 15%» el precio final de la vivienda, cuyos precios oscilan entre los 220.000 euros de los primeros inmuebles y a los 260.000 que se están comercializando los que ahora están en construcción. «Pero es algo que merece realmente la pena porque supone una gran mejora en la calidad de vida y, además, se amortiza en menos de 10 años». No en vano, el ahorro energético ronda el 65% sobre un piso normal. Además, subraya, gracias a la ventilación mecánica, «el filtrado y atemperado permanente del aire exterior la calidad del mismo es máximo» y conlleva beneficios específicos, sobre todo, para «asmáticos y alérgicos al polvo y al polen».

La promotora ya levanta otros tres edificios en la localidad con 69 inmuebles que se entregarán antes de fin de año y en breve iniciará otros tres bloques con 54 inmuebles. Todos se someterán a las pruebas para obtener el certificado Passivhaus, que incluyen hasta pruebas de presión para comprobar que en ninguna estancia hay fugas térmicas. Que no pierden frío ni calor. De hecho, hasta las puertas de entrada a las casas cuentan con una «guillotina», una goma especial que sella cualquier posible ranura que ermita la entrada o salida del aire. «En 2021 Urduliz será un referente en España de vivienda libre nueva, testada y certificada con las exigencias más sostenibles», remarca.